De origen sánscrito, con forma de “círculo mágico”, los mandalas son creados para representar rituales y simbología espiritual, muy utilizados en el budismo y en el hinduismo. 

Los rituales refieren al macrocosmos y al microcosmos, términos que describen la relación entre los seres humanos y el universo.

Crear mandalas puede utilizarse como una técnica de relajación, meditación, además de contribuir con el fortalecimiento de la creatividad. Pintar, observar un mandala, integrarlo a nuestros objetos personales o como adorno en nuestros hogares , nos permite conectarnos con la divinidad.

El escritor argentino Claudio María Domínguez considera que los mandalas “desde el punto de vista espiritual son un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente de quien medita en ellos”.

Conectar con mandalas

Los mandalas facilitan la conexión con nuestro Ser y nos armonizan.
Hace un par de años, en la recorrida por una de las ediciones de la Feria del Libro, pude destacar la presencia de un ejemplar de mandalas.
Tenía en la tapa el dibujo de un mandala pintado y por dentro varios de ellos para colorear.
Cada uno estaba acompañado por proverbios que invitaban a reflexionar. Recuerdo que al abrirlo al azar y leer el mensaje, comprendí al instante que era el que necesitaba pintar en ese momento.
Seleccioné los colores que más me vibraban y logré enfocar toda mi atención allí. Liberé tensiones y sentí mucha calma.

Les comparto un extracto del mensaje que ese libro lleva en su contratapa:

“El Universo está organizado de forma circular y alrededor de un centro que se encuentra en interrelación permanente.
Es así como analógicamente con la naturaleza e inspirados en ella, los mandalas acompañan al hombre desde tiempos inmemoriales y están presentes en las diferentes culturas.
Al observarlos, pintarlos o meditar con ellos, podemos entrar en un camino mágico y de sabiduría, que nos lleva de regreso a quienes somos realmente y también nos ayuda a conectarnos con el Universo.
Los mandalas actúan equilibrando los chackras por medio de los colores y haciendo meditar el lado lógico de nuestro cerebro a través de las formas geométricas sagradas. El mandala enviará impulsos a la mente interna llegando a los receptores del cerebro donde se procesará y se obtendrá una reacción. Es muy probable que experimentes alteraciones en la conciencia, como la sensación de expansión de la misma. También suele traer recuerdos a la memoria conciente que estaban olvidados en el subconsciente, permitiendo quitar las trabas de nuestra mente y superar nuestras limitaciones físicas y espirituales”.

¿Cómo crear un mandala?

Es importante que al iniciar un mandala puedas conectarte con tu intuición, concentrado, en un lugar tranquilo, iluminado y si quieres puedes acompañar la actividad con música para relajarte.
El esquema básico es un círculo y los cuatro puntos cardinales. Si no quieres mantener ese esquema la base puede ser un cuadrado, un triángulo o un octágono.

Es posible decorarlo con imágenes místicas, paisajes, con estrellas, lo que tú desees.
Si lo pintas desde afuera hacia dentro, esto te permitirá avanzar en tu autoconocimiento, desde el exterior hacia tu interior. De lo contrario, de adentro hacia fuera, la expansión de la conciencia.
Puedes utilizar los colores que te atraen, ellos reflejarán tu estado de ánimo en ese momento. Conecta con tu espacio sagrado y deja que fluya.

 

 

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