Los ángeles están, sólo es necesario hacerles saber que deseamos obtener su ayuda o sentir su presencia.
Cuando somos niños tenemos muchas capacidades que luego son olvidadas y apartadas. Entre ellas, es la capacidad de sentir la presencia de nuestro ángel de la guarda e incluso verlo.
Podemos tomar sus señales, como una pluma que se nos aparezca sin motivo aparente, un roce de sus alas casi imperceptible o un viento fuerte que sople cuando pensamos en ellos.

Libro Los Ángeles pueden cambiar tu vidaRecomendamos ampliamente el libro "Los Ángeles pueden cambiar tu vida" de David G. Walker. Ya que no solo nos describe qué es un angel, las distintas clases de ángeles y sus coros angélicos (Querubines, Serafines, arcángeles, ángeles de la guarda y otros seres espirituales), sino que también nos ayuda a contactarnos con ellos. Por experiencia propia, si sabemos cómo contactarlos y creemos en ellos, siempre vamos a ser escuchados. Querer, poder, saber y atreverse son los cuatros pilares para pedir asistencia a estos seres sutiles. 
Si pueden acceder al libro, verán que es una belleza, en su exterior tapa dura y acolchonada y en su interior no sólo tiene una gran cantidad de imágenes sino que cada hoja presenta en su filo un hilo dorado, recorándonos los libros antiguos con hilos de oro. Para aquellos que no lo consigan o no puedan adquirirlo, pueden acceder al libro de manera online desde aquí: http://www.editorialsirio.com/contenido/datos/librospdf/documentos/9788478086139.pdf



Tomamos un capítulo del libro en donde se explica cómo llevar a la práctica el pedido de ayuda a los ángeles:

Pidiendo ayuda a los Ángeles

Pedís y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá,
porque todo el que pide recibe, el que busca haya y al que llama se le abre.
¿Quién de vosotros, cuando su hijo le pide pan, le daría una piedra?
Mateo 7,7-9

Los ángeles pueden cambiar tu vida. Y todo lo que tienes que hacer es pedirles que te ayuden. Tan sólo
eso.
Vamos a contemplar alquímicamente esta decisión, analizando sus cuatro condiciones necesarias: querer,
poder, saber y atreverse.

Querer
Doy por supuesto que quieres entablar esta comunicación y que deseas realmente pedir ayuda a los planos superiores de la existencia. El querer es el motor de todo, si el motor falla o ni siquiera existe, no habrá posibilidad de llegar a la meta, ni de obtener el mínimo resultado, por mucho que esa meta y esos resultados tan deseados estén esperándonos tras el primer recodo del camino.

Poder
Todos podemos y todos pueden. Ni siquiera el hecho de no creer en la existencia de los ángeles es un impedimento para recurrir a ellos y para beneficiarnos de su ayuda. Es cierto que el poder de la fe es enorme y que “mueve montañas”, pero en este caso su papel – aunque por supuesto ayuda a establecer la comunicación – no es primordial. No estamos tratando aquí de ningún tipo de “autoprogramación”, “autohipnotismo”, ni siquiera “autoayuda”, sino de pedir – y obtener – el auxilio de unos seres tan reales como nosotros, aunque nuestros sentidos no sean capaces de percibirlos.

Saber
En realidad no existe protocolo ni normas establecidas. Cualquier llamada, cualquier intento de dirigirnos a ellos que sea sincero y proceda del corazón, les llegará, será escuchado, y atendido. Sin embargo, para evitar interferencias, es bueno tener presentes las siguientes recomendaciones, que no son más que leyes universales, aplicadas a este caso particular:
1. Evitar las prisas y la precipitación. Aunque me consta que las llamadas urgentes y desesperadas son puntual y atentamente atendidas, el contacto con nuestro ángel de la guarda – o con cualquier otro – se realiza mejor en una atmósfera de calma y tranquilidad, tanto interior como exterior.
2. Tener siempre muy presente el inmenso poder creativo de la palabra. La charla inconsistente y ociosa encierra siempre un peligro, y ese peligro se multiplica por mil cuando los términos que usamos tienen una carga trascendente o divina. La prohibición judía de pronunciar el nombre de Dios no carecía de motivo. Incluso en nuestros días, en los países de habla francesa la expresión “¡Nom de Dieu!”, que a nosotros nos puede parecer de lo más inocente, está considerada como una de las peores blasfemias que puedan pronunciarse. Y precisamente uno de los más frecuentes abusos de la palabra son las blasfemias y maldiciones. Es conveniente evitar la compañía de quienes acostumbran a polucionar el espacio con sus palabras, alejando la energía positiva que normalmente lo habita. Es importante
abstenerse del empleo inconsciente de aquellos términos que se refieren a lo más sagrado: Dios, Jesús,
la Virgen, y todas las combinaciones de letras que nos conectan de un modo u otro con los planos
superiores. El uso de estas palabras siempre causa un efecto y su utilización en momentos de cólera o
de rencor es como lanzar una piedra hacia arriba, que muy probablemente, caerá más tarde sobre
nuestra propia cabeza. Todo irá mejor si dejamos las palabras importantes para los momentos
importantes.
3. Tratar de utilizar siempre en nuestra petición el tiempo presente. En el mundo de los ángeles no hay
pasado ni futuro; hace ya mil trescientos años escribía el sabio sufí Nasafi: “Los ángeles están en el
mundo invisible, ellos mismos son el mundo invisible. En ese mundo no hay “ayer” ni “mañana”, ni “año
pasado”, ni “año presente”, ni “año próximo”. Cien mil años pasados y cien mil años por venir están
presentes indiferentemente, ya que el mundo de lo invisible no es el mundo de los contrarios, el
antagonismo es producto solamente del mundo visible. El tiempo y la dimensión temporal no existen más
que para nosotros, hijos de las esferas y de las estrellas, habitantes del mundo visible. En el mundo
invisible, no hay tiempo ni dimensión temporal. Todo lo que existió, existe y va a existir, está siempre
presente”.
Por ello debemos esforzarnos en evitar el uso del pasado y del futuro, pues podría ser que de otro modo
el ángel al que dirigimos nuestra petición, le fuera más difícil captarla. Recordemos que él sólo conoce el
ahora.
4. Es necesario expresarse siempre de una manera positiva. No debemos pedir: “Que no pierda mi puesto
de trabajo”, o “que no se muera mi marido”, sino sencilla y llanamente lo que realmente deseamos:
mantener nuestro trabajo o que el marido disfrute de salud y el amor reine en nuestro matrimonio. Al
utilizar frases negativas, aún sin ser conscientes de ello estamos ya imaginando la pérdida, la derrota, y
eso es lo que transmitimos a los planos más sutiles de la realidad y a los seres que allí recogerán
nuestras súplicas; en consecuencia, es muy probable que eso sea lo que al final obtengamos.
5. Tratar de considerar el asunto como ya resulto, e incluso incluir en nuestra petición el agradecimiento por
haberlo recibido. Es la forma más efectiva de eliminar las dudas, que de otro modo serán también
transmitidas, obstaculizando todo el proceso. Se trata de evitar por todos los medios que mientras nos
afanamos en componer la petición de la mejor manera, nuestra mente esté en realidad transmitiendo:
quiero esto, pero no tengo mucha confianza en que esta petición sirva para algo. ¿A cuál de ambas ideas
deberán entonces ellos responder?.
6. Ser muy cuidadosos, pues recibiremos exactamente aquello que estamos pidiendo, con toda una seria de
implicaciones – inherentes al hecho o al objeto pedido – que tal vez ahora ni siquiera alcanzamos a
imaginar. El símil de la moneda es válido en todas las circunstancias y situaciones de la vida: no es
posible quedarse con sólo una cara. El que la quiera, tendrá por fuerza que llevarse ambos lados de la
misma.
7. Ser claros y concisos y tratar de evitar las incongruencias. A los ángeles les disgustan las tonterías. No
debemos caer en el absurdo de la clásica oración jocosa: “Señor, dame paciencia, ¡pero la quiero ya!”, ni
del que pedía que su esposa le fuera fiel, para poder él atender tranquilamente a sus diversas amantes, o
del ladrón profesional que oía misa y comulgaba cada día antes de iniciar su jornada “laboral”.
8. Finalmente es importante dar las gracias. Ello cierra y concluye el ciclo. La acción de gracias consolida
lo obtenido y nos confiere título de propiedad sobre ello. Omitirla es como dejar abierto un circuito, por el
que puede escaparse la energía con efectos indeseados.

Atreverse
El paso más decisivo es atreverse a abordar un tipo de comunicación y de relación totalmente diferente.
Decía Anthony de Mello: “¿Qué hace falta para despertar? No es necesario ni esfuerzo, ni juventud, ni mucho
discurrir. Sólo se necesita una cosa: la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo
desconocido. La capacidad de movernos fuera de los esquemas que tenemos, de saltar sobre ellos y de mirar
con ojos nuevos a la realidad”. Así, lo primero es atrevernos a pensar que, pese al hecho de que nuestros
sentidos no los capten, existe la posibilidad de que los ángeles sean una realidad y de que una comunicación
entre nosotros y ellos sea perfectamente factible. Quienes ya poseen esta creencia, tendrán ahora que liberarse
de creer que se trata de algo propio de su religión. No es así. Estamos hablando de una realidad que supera y
trasciende a todas las religiones. Por ello es conveniente desprenderse de todo sentimiento de exclusividad
religiosa. Debemos ya dejar de sentirnos privilegiados porque profesamos la “verdadera” religión. Todas las
religiones son verdaderas para sus seguidores y todas son falsas para los demás. Las diversas religiones no son
sino caminos diferentes que van ascendiendo una misma montaña, y que finalmente se encuentran todos en la
cima. No son más que las muletas que una humanidad inmadura necesita para aprender a caminar por sí sola,
como las dos líneas paralelas de que se sirven los niños cuando aprenden a escribir. Cuando ya sabemos
escribir perfectamente, ¿quién sigue utilizando dichas líneas? Toda creencia de que nuestra religión es la
verdadera y las demás son falsas, será sólo un obstáculo en el camino de nuestro progreso espiritual – de nuestra
salvación -, un obstáculo que antes o después tendremos que eliminar. Quienes no crean que los ángeles existen
y que están deseando ayudarnos, deberán adoptar esta posibilidad como una hipótesis de trabajo, y deberán
pensar que si la existencia de los ángeles es real, dicha realidad tendrá que ser mucho más fuerte que cualquier
bloqueo originado por su incredulidad, y por ello, capaz de vencer fácilmente tal bloqueo y de manifestarse, si no
de una manera sensible – dadas las limitaciones de nuestros sentidos -, sí con hechos, que a fin de cuentas es lo
que nos interesa. Pese a que la conversación con los ángeles suele darse en la intimidad, uno de los mayores
obstáculos a vencer suele ser el miedo al ridículo. El miedo al ridículo no es sino una de las múltiples caras con
que se presenta nuestro gran enemigo: la importancia personal. Según el sabio yaqui Don Juan, al creernos
importantes nos volvemos pesados y torpes. Para llegar a ser “hijo de la Luz” es indispensable ser ligero y fluido.
La importancia personal nos separa de los demás, de nuestros hermanos los hombres, y ahora, nos puede
separar también de nuestros hermanos mayores: los ángeles. No dejemos mientras estamos a tiempo, que
crezca y se desarrolle esa mala yerba, pues cuanto más fuerte e imponente llegue a hacerse, mayores tendrán
que ser nuestros esfuerzos y más dolorosa será la lucha para aniquilarla. Y es lucha tendrá que darse
forzosamente antes o después. La importancia personal es como un lastre, que nos mantiene apegados a los
niveles más groseros de la existencia, impidiéndonos el vuelo hacia planos más sutiles y exquisitos. Bajo esta
luz, la parábola del rico, el camello y el ojo de la aguja adquiere una nueva significación. No se trata ya sólo de
riquezas, sino de algo mucho más nuestro y de lo que nos cuesta mucho más trabajo desprendernos. Y por
supuesto, no es privilegio de los ricos, sino que todos la solemos acoger con los brazos abiertos. Atrevámonos a
iniciar una comunicación con los ángeles y a pedirles su ayuda, pero manteniendo la mente totalmente abierta, sin
querer por fuerza encajonarlos en nuestras ideas preconcebidas.

La Intuición
Para que nuestra comunicación con el reino angélico sea más fluida y efectiva, debemos conceder a esta
facultad el lugar y la importancia que le corresponden. Son muchos todavía los que contraponen razón a
intuición, considerando a la primera como el origen de las ciencias y de la verdad absoluta y a la segunda como
algo inexistente, inventado por los místicos, magos, y charlatanes, con el fin de justificar sus mentiras en unos
casos y de abusar de los demás en otros. El conocimiento racional es objetivo, lento y conceptual. Es universal y
se forma mediante juicios y razonamientos. El conocimiento intuitivo es subjetivo, privado, aconceptual e
instantáneo. Ambos tipos de conocimiento no son opuestos ni excluyentes, sino que al contrario, se
complementan entre sí. Desde el momento en que efectuemos nuestra primera petición o iniciemos el primer
contacto consciente con los seres angélicos, nuestra intuición se aguzará, y a través de ella recibiremos
respuestas y avisos. Es importante que estemos alerta a fin de no dejar escapar tales comunicados. En el
momento de iniciar un proyecto, una relación o un viaje, sentimos algún tipo de desasosiego interno o nos ocurre
algún suceso o alguna coincidencia extraña que creamos pueda tener una carga premonitoria negativa, será muy
prudente no precipitarnos, analizar bien el asunto que vamos a emprender y si fuera posible, esperar a tener más
datos antes de embarcarnos en dicha nueva empresa. A medida que nuestra intuición se vaya afinando y
seamos capaces de recibir a través de ella con suficiente claridad los mensajes que desde planos superiores nos
son enviados, podremos solicitar expresamente a los ángeles que nos guíen en determinados asuntos,
permaneciendo muy atentos a sus indicaciones. Como toda facultad humana, la intuición es susceptible de ser
ejercitada y potenciada. Lo más adecuado es estar atentos a ella de una manera tranquila, sin obsesionarnos ni
forzar las cosas, sin intentar tampoco ver indicios y presagios donde sólo hay sucesos normales y corrientes.

¿Qué se puede pedir a los Ángeles?

En realidad no existe limitación alguna a lo que podemos pedirles ni hay nada malo en pedir cualquier cosa
que necesitemos, ya se trate de bienes de carácter material, mental o espiritual, con la confianza que nos serán
concedidos. “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21-22), siempre que no existan
impedimentos de un orden superior y siempre que su consecución sea positiva para nosotros y no perjudique a
nadie. Podría pensarse que ellos ya deberían conocer nuestras necesidades y dedicarse a atenderlas sin que
tuviésemos que decírselo expresamente, pero el hecho es que así como funciona el universo y al efectuar la
petición estamos dando el primer paso que pone en marcha todo el mecanismo. Las peticiones de naturaleza
económica suelen ser las más abundantes – ello muestra claramente nuestras inclinaciones – y no creo que
necesiten mayor explicación. Podemos también pedirles que se afinen nuestras facultades mentales, nuestra
inteligencia, nuestra memoria y nuestra comprensión. Podemos solicitar su guía y su opinión sobre alguna
decisión que debamos tomar y sobre la que tengamos ciertas dudas – en estos casos es absolutamente
necesario estar atentos a nuestra facultad intuitiva, ya que su respuesta nos llegará posiblemente a través de ella,
o quizás en sueños, pero siempre de forma inesperada. Especial atención hay que dedicar a las coincidencias,
pues muchas veces es así como ellos nos indican su parecer o la dirección más apropiada para nuestros pasos.
Podemos igualmente solicitar su ayuda para que intercedan por nosotros ante otra persona cuyo comportamiento
o actitud consideramos injusta o inapropiada. Podemos en fin, pedir cualquier tipo de bienes para terceros,
familiares, amigos o conocidos. Las peticiones de orden espiritual son atendidas con un cuidado especial por los
ángeles y tal vez sea éste el campo que más dificultad entraña y en el que su ayuda sea más efectiva. En
realidad sólo el individuo puede superarse a sí mismo, no es posible la ayuda exterior. Nuestras potencias
perfectibles radican en el yo místico, en lo incomunicable. Nadie de fuera nos puede ayudar en esto. Ahora bien,
¿están los ángeles fuera o dentro de nosotros? Al parecer están tanto fuera como dentro de nosotros, no ocupan
ningún lugar, son como pensamientos, participando de algún modo de nuestra naturaleza, y al mismo tiempo de
la naturaleza de Dios – quien no guste de la palabra Dios puede sustituirla por Ser, Esencia, Divinidad, Ser
Supremo, Madre Naturaleza, etc. En realidad los seres humanos somos simples manifestaciones del Creador,
como lo son los árboles, las flores y los ríos. Somos parte de El, pero desgraciadamente no tenemos conciencia
de ello y parece que nuestro largo peregrinar por los mundos físico y espiritual tiene una finalidad única: hacernos
recobrar esa perdida conciencia de que somos hijos de Dios, de que somos Dios. Los ángeles también son Dios,
pero evidentemente están menos desconectados que nosotros. ¿Quién mejor que ellos para indicarnos el camino
correcto y el método adecuado para lograr de nuevo esa conexión? Y si toda la relación angélica tiene que ver
con la intuición, la importancia de esta facultad es primordial cuando se trata de nuestro progreso interno, de la
evolución espiritual del individuo. Digo individuo porque esta evolución no suele tener nada que ver con el grupo
y menos con la multitud. Es en la interioridad del hombre donde se dan los anhelos de perfección, no en las
tertulias ni en las reuniones sociales.
Así, no existe límite alguno para lo que podemos pedir, si bien únicamente se nos concederá en tanto no
perjudique ni dañe a ninguno de los implicados. En ocasiones, es posible que nuestra ceguera nos haga pedir
algo que en realidad va en contra de nuestros propios intereses y que no es ni mucho menos lo más conveniente
para nosotros. En estos casos tal vez los ángeles nos proporcionen un sustituto elegido por ellos, algo que
estando todo lo cerca posible del objeto de nuestra petición y siendo muy semejante a él, no resulte perjudicial
para nosotros ni para nadie más. Cuando se dan estas circunstancias, recibiremos siempre alguna señal
inequívoca, que nos permita identificar su respuesta y que nos haga ver lo incongruente de nuestra solicitud
original.

¿Cómo realizar la petición?

Aunque cualquier petición sincera es oída por ellos, en mi caso particular la forma de comunicación que más
eficaz me ha resultado es lo que Terry Taylor y otros autores llaman el correo de los ángeles. Se trata ni más ni
menos que de escribirles una carta relacionando de la manera más clara y concisa que podamos aquello que nos
preocupa y para lo que deseamos hallar una solución, el aspecto de nuestra vida que quisiéramos mejorar o
simplemente la circunstancia externa, el objeto o el hecho que deseamos obtener. Del mismo modo que la
palabra hablada tiene un poder propio, la palabra escrita también tiene una fuerza especial. Es importante la
claridad. Parece que los ángeles gustan tanto de ella como del buen humor, y al mismo tiempo les disgustan las
cosas embrolladas, tanto como las serias y falsamente importantes. Podemos seleccionar al ángel destinatario
según sea el tema de nuestra petición, o podemos dirigir la carta a nuestro propio ángel de la guarda,
encomendándole que se ponga en contacto con el ángel o grupo de ángeles especialistas en el tema del que trata
nuestra misiva. Podemos al mismo tiempo, informar mentalmente al arcángel que gobierne sobre dicho tema –
por ejemplo Rafael, si se trata de curación – pidiéndole su ayuda para que destine a cuantos ángeles sean
necesarios para solucionar la petición que hemos hecho.
Es conveniente buscar un lugar tranquilo y disponer de algún tiempo durante el cual, en principio, no vayas a
ser molestado.
Al igual que con la meditación, puedes encender una vela – a los ángeles les gustan las velas – y tal vez
incienso si sientes que ello puede ayudar a tu concentración.
Permanecerás durante unos instantes consciente de tu respiración, sin forzarla, dejando que fluya a tu ritmo
natural.
Seguidamente centrarás toda tu atención en tu ángel de la guarda, al igual que harías si fueras a escribirle a
un amigo. Sentirás cómo la energía de tu ángel te envuelve y te inunda.
Tras fechar la carta y poner: “Querido ángel”: las palabras deberán fluir por sí mismas. Podrás expresar
cuanto desees y podrás pedir su ayuda para todos los asuntos que lo necesiten.
Una vez hayas expuesto todas tus peticiones, dale las gracias por anticipado, y firma.
Seguidamente es conveniente meter la carta en un sobre y cerrarlo definitivamente.
Si tienes un altar para la meditación, un cofre donde guardes tus cosas más valiosas o algún sitio especial
tuyo, puedes depositar allí tu carta. Algunas personas lo hacen dentro de una Biblia, o de un libro con un elevado
contenido espiritual. Otros la guardan en la almohada, la entierran al pie de un árbol, o bien la queman,
visualizando que el humo al elevarse lleva el mensaje a su destinatario. Puedes elegir el método que desees. En
caso de duda, pregúntale a tu ángel.
Al igual que a nuestro ángel de la guarda, podemos escribir a cualquier otro ángel, invitándolo a que venga a
nuestra vida o pidiéndole su ayuda para un caso determinado.
En los casos de problemas con otras personas, que parezcan de difícil solución, podemos igualmente escribir
a sus ángeles de la guarda, explicándoles las cosas que no podemos decir personalmente a sus protegidos y
solicitándoles su ayuda para la resolución del conflicto. Es imprescindible decir siempre la verdad, expresando
abiertamente nuestros sentimientos, nuestros miedos y nuestras culpas. Desde el mismo momento en que
escribamos esta carta, las dificultades empezarán a desmoronarse.
Es importante incluir en alguna parte del texto la frase “para el mayor bien de todos los implicados” y
finalmente, debemos darles las gracias y reconocer debidamente su ayuda. Decía Juan XXIII en una alocución
dada en el año 1961: “Nuestro deseo es que aumente la devoción al Angel Custodio. Cada uno tiene el suyo y
cada uno puede conversar con los ángeles de sus semejantes”. Una vez hayamos iniciado el contacto angélico,
se suele producir un fenómeno curioso: vemos ángeles por todos lados, en los escaparates de las tiendas, en las
páginas de los periódicos, en las exposiciones, en las letras de las canciones, en las películas cinematográficas y
en las formas de las nubes que el viento mueve sobre nuestras cabezas. Es como si los sentidos se hubieran
hecho repentinamente mucho más sensibles a su presencia. También se multiplican las coincidencias,
conoceremos a personas de nombre ángel, o que se interesan por los ángeles, o que viven en la calle o en el
barrio del ángel, por poner un ejemplo. Nada impide que escribamos más de una carta, o que tratemos en una
misma diferentes asuntos y efectuemos sendas peticiones, con tal que todo esté expuesto con la suficiente
claridad. El número de ángeles es ilimitado, y del mismo modo, tampoco hay límite alguno a la cantidad de
ángeles que pueden estar ocupados con nuestras peticiones. Otro fenómeno que suele darse una vez iniciado
este contacto hombre-ángel es la sensación de estar siempre acompañado. Una amiga a quien recientemente
aconsejé pidiera ayuda a los ángeles para sus abundantes problemas, me contó que a los pocos días, estando en
un ascensor sintió claramente que había alguien detrás suyo, incluso se hizo ligeramente hacia delante para no
pisar ni chocar con dicha persona. Al llegar a la planta de su destino y disponerse a salir comprobó anonadada
que sólo ella ocupaba el ascensor y por ello aparentemente había estado todo el tiempo sola. Según ella, en
ningún momento sintió el más mínimo miedo, sino sólo la sensación de estar con alguien. Cuando finalmente vio
que no era así, se sintió contenta y divertida.
Cuando se nos presente repentinamente una situación de riesgo o especialmente peligrosa, no hay que dudar
en pedir su auxilio mentalmente, con toda la intensidad que seamos capaces. Es en tales momentos cuando su
ayuda suele ser más efectiva y espectacular, pues si hay algo que realmente gusta a los ángeles, es poder
eliminar la angustia, la congoja y las preocupaciones que atenazan a los humanos.
La ayuda angélica en el campo laboral produce unos resultados sorprendentes y al mismo tiempo hace que
nuestro trabajo deje de ser una carga, para convertirse en un placer. Simplemente hay que comenzar la jornada
mandando un pensamiento a los ángeles especialistas en nuestra actividad, para que desde el plano invisible nos
acompañen y nos ayuden. Además de este contacto inicial es conveniente pedirles mentalmente su apoyo cada
vez que vayamos a abordar una labor delicada o difícil. Con el tiempo se llegan a establecer fuertes lazos de
compañerismo, que no sólo alivian nuestra carga en este mundo, sino que – lo que es más importante – nos
conecta con el otro. Podemos beneficiarnos de su ayuda cualquiera que sea nuestro trabajo, aunque ciertas
profesiones parecen ser sus preferidas, como todas las que tienen que ver con la curación, los niños, la creación
artística, la música, la difusión de la cultura, la asistencia social o la orientación psicológica.

Resumen

Vuelvo a insistir en la ausencia de normas. Los ángeles aman sobre todo la libertad, la espontaneidad y el
humor y cualquier petición excesivamente acartonada donde la forma predomine sobre el contenido, carecerá de
la fuerza necesaria para llegar hasta ellos. Eres tú, exclusivamente quien debe decidir la manera en que vas a
realizar la comunicación y toda imposición en este sentido resultará además de absurda, inútil. Particularmente,
el sistema de la carta me ha dado buenos resultados, pero tal vez sea sólo porque para mí es más fácil escribir
que hablar, y quizás otros prefieran métodos diferentes. Son ya muchos los libros existentes sobre cómo
comunicarse con el ángel guardián, con el espíritu guía, el protector interior o como le queramos llamar. Todos
pueden ser útiles y todos nos aportarán ideas, pero en ningún caso se tratará de una pauta que obligatoriamente
debamos seguir al pie de la letra. Lo importante es que nos dirijamos a nuestro ángel – o ángeles – con
sinceridad, confianza y respeto, y que expongamos nuestros deseos de una manera clara. La fórmula mejor
compuesta y el ritual más detallado tomados de un libro, nunca serán tan eficientes como cualquier oración
original, quizás imperfecta, pero sin duda revestida con la fuerza de la autenticidad. Hay quienes opinan que la
repetición es muy efectiva, y quizás no les falte razón. Entonces será conveniente repetir mentalmente nuestra
petición cada mañana y cada noche. Generalmente se recomienda efectuar el primer contacto en estado alfa,
después de una relajación profunda. Posteriormente una simple llamada mental dirigida a él – o ellos – será
suficiente, especialmente en los casos urgentes y angustiosos. No debemos olvidar que en el mundo espiritual
los pensamientos son una fuerza y una realidad tangible. Así, el simple hecho de imaginarnos al ángel de la
guarda – o a toda una serie de ángeles – a nuestro lado, será suficiente para que automáticamente estén allí. Si
reforzamos ese pensamiento con algún gesto físico – un simple movimiento o gesto – tal vez lleguemos a sentir
de algún modo su presencia sutil. Este tipo de prácticas es mejor efectuarlas cuando nos hallemos solos y en un
lugar armónico, preferentemente en el campo. Es muy importante que recordemos incluir en algún lugar de
nuestra petición la frase: “para el mejor bien de todos los implicados”. Una vez realizada la petición, deberemos
estar atentos a los sucesos y coincidencias extrañas con ella relacionadas, así como a nuestra intuición, pues no
es raro que a través de dicha facultad nos llegue alguna comunicación del plano angélico. Finalmente, nunca
debemos olvidar dar las gracias.

Fuente: Los Ángeles pueden cambiar tu vida. David G. Walker

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